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Entrevista a JEAN ZIEGLER, relator especial de la ONU
Tengo 64 años. Nací en Ginebra (Suiza). He sido profesor de
Derecho en la Sorbona y Ginebra. Soy relator especial de la comisión de Derechos Humanos de la ONU para
elaborar un Derecho a la Alimentación.
Estoy casado. Tengo un hijo, Karim (25 años). He sido diputado de la
Confederación Helvética y soy socialista de izquierdas en un
mundo absurdo. He publicado ""Suiza lava más blanco"", ""El oro nazi"", ""El hambre en
el mundo explicada a mi hijo"" y ahora ""Los nuevos amos del mundo""
(Destino)
La Vanguardia 25/05/2003
Usted dice que vamos a
peor, pero lo cierto es que jamás hubo
tanta gente bien alimentada sobre la Tierra...
¡¡Un momento! Lo
que yo digo es que el hambre y la pobreza de por vida son hoy
responsabilidad exclusiva del ser humano, es decir, de un pequeño grupo de seres humanos depredadores de
todos los demás.
¿¿Y antes no
era así?
No, porque en el
pasado, hasta hace poco, no había
posibilidad técnica de que todos
comiéramos. Por eso nunca el mundo fue
tan injusto como ahora, porque hoy somos 6.000 millones de personas, pero
producimos alimentos cada año para
nutrir a 12.000 millones. Así que si
no lo hacemos y dejamos que hoy muera gente de inanición ––5.000 personas cada día–– es un crimen.
¿¿No es usted
apocalíptico?
Intento ser
racional y la razón me dice que nadie
muere de hambre hoy en la Tierra por desgracia, sino por maldad: los matan
de hambre. Los condena a muerte el nuevo orden asesino mundial.
Vamos, vamos, ¿¿no es usted demasiado vehemente?
Me
indigno porque quien lo haya comprobado como yo sobre el terreno y no se
indigne, o es un cínico, o no es
persona.
¿¿Cómo llegó usted a pensar así?
Mi amigo Regis Debray decía que ""la historia te sorprende allí donde has nacido"" y, a mí, esa historia en la que muere un niño de hambre cada siete segundos me
sorprendió en el país más
rico del mundo: Suiza.
Así de
injusto es el nacer.
Más en
Suiza. Allí he denunciado cómo se lavan la cara las fortunas del
narcotráfico y las mafias con lo
acumulado a costa del sufrimiento de millones de personas. ¿¿No le saca de
sus casillas? Suiza lleva ahí
demasiados años para escandalizar a
nadie.
En el origen de la riqueza suiza está un pacto contra la humanidad. Lo firmaron
Hitler y los banqueros suizos: el Füührer les ingresó los miles de millones que expolió en los países que conquistaba y ellos los lavaron.
Ese dinero permitió a Hitler continuar
dos años más con la guerra mundial.
Bueno,
también la Cruz Roja es suiza.
Esa es una de las contradicciones del sistema: cuanto más negro es tu dinero, más blanca quieres que sea tu alma. Hoy ese
sistema mundial que asesina a 5.000 personas cada día por inanición sería
imposible sin Suiza, sus bancos, su secreto bancario y los paraísos fiscales.
¿¿Los paraísos fiscales no son sólo para evadir impuestos?
Yo era
profesor universitario especializado en África. Viví en Congo, y vi a los niños morir de hambre como he visto a otros
niños de nueve años en Bangladesh tejer tapices de seda a
mano con unos hilos tan minúsculos que
a los 14 años ya están ciegos, y he contemplado cómo esas alfombras se subastan después en Londres. Esos niños, sin paraísos fiscales, sin corrupción, sin trampas, con un mínimo de justicia, podrían utilizar su vista para aprender a leer.
Me imagino que en Suiza nadie le va a dar una medalla.
Los
banqueros me han puesto varias querellas por mis libros, pero eso es una
anécdota. Fui elegido parlamentario de
la Confederación Helvética y contemplé cómo
Mobutu mataba de hambre a su pueblo y saqueaba Zaire para enviar todo ese
botín a Suiza. La oligarquía financiera de mi país encubre con el secreto bancario todos los
crímenes del capitalismo mundial.
Es lo que hay...
No hay fatalidad, hay injusticia, y yo
sólo soy un pequeño intelectual que quiere simplemente poder
decirlo en voz alta.
Adelante.
El Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y todas las
instituciones de ese orden, que parece el único y se nos impone como si fuera tan
inexorable como la rotación de los
planetas, exigen a cada país que
privatice todo en beneficio de las multinacionales, que renuncie a
cualquier poder normativo como estado independiente. Le ordenan la
abolición de cualquier traba fiscal o
de protección social o laboral para
que estas multinacionales acumulen enormes beneficios.
Eso es el
libremercado, ¿¿no? En efecto, y como explicó Adam Smith, el capital siempre acude a
donde consiga más provecho.
Ese sistema ha demostrado ser el más eficiente.
Si yo no digo que el
libremercado no cree riqueza. Al contrario, es el más eficiente creando riqueza, pero sólo para ellos, para los que mandan. Y ese
libre flujo de bienes y capitales ha sido aún más
eficaz después de la implosión del bloque soviético, porque antes de que cayera el muro
comunista uno de cada tres humanos soportaba la tiranía del socialismo real. Ahora, el fin de la
bipolaridad ha dado paso a un capital globalizado y puramente especulativo
que se ha triplicado.
Y la riqueza también.
Sí, la riqueza se ha doblado y fluye a la
velocidad de la luz por los mercados de capitales, que, literalmente,
nunca duermen, mientras el comercio mundial también se ha triplicado y el consumo de
energía se dobla en el planeta cada
cuatro años.
¿¿Lo ve? Esto va
a más.
Sí, la globalización funciona, pero no para nosotros, las
personas, sino sólo para ellos, los
depredadores, que han acumulado inmensas fortunas personales.
¿¿Quiénes son ellos?
Los que quieren la ""stateless governance"", un libremercado
universal que se regule a sí mismo,
pero que en el fondo sólo controlen
ellos, sus impulsores.
El libremercado sólo se lo aplican a los demás: ellos suelen ser proteccionistas.
Son arbitrarios. Los depredadores del nuevo orden asesino son esa
clase dirigente mundial que se ha apropiado de las riquezas de todos y que
estudia en las mismas universidades de elite e intercambia sus puestos en
los grandes gobiernos, las instituciones de prestigio y las
multinacionales y se ríe de los
nacionalismos de las clases bajas y medias cuando no los utilizan. ¡¡No
vea lo que se ríe un gran banquero
cosmopolita de su nacionalismo catalán!
Bueno, pero dígame nombres.
Ellos... Saben
reconocerse unos a otros, aunque procedan de países o culturas distintas, aunque sus
intereses parezcan enfrentados. ¿¿Sabe que los Bush y los Bin Laden siguen
haciendo negocios?
Eso no es ilegal.
No, pero explica
muchas cosas. En abril del 2002, apenas ocho meses después del 11-S, el grupo Carlyle se reunió en un gran hotel de Ginebra. El grupo
Carlyle está especializado en
armamento pesado, controla dos tercios de la Lockhed Martin y General
Dinamics, y gente como James Baker, Frank Carlucci y otros del
""establishment"" conservador estadounidense han cobrado de Carlyle
sustanciosas comisiones. Entre los grandes patronos del grupo figura
George Bush padre, que acudió a la
cita junto a los príncipes de la
familia real saudí y los grandes
banqueros suizos.
Tendrían
cosas que contarse.
De pronto hubo un revuelo porque se
presentó un invitado de última hora que, con naturalidad, enseñó sus credenciales. Los agentes de
seguridad llamaron a la policía y
dieron la alarma porque en ellas decía
""Bin Laden, Yeslam"". Era el hermanastro de Osama, quien también tiene su capital en el grupo Carlyle,
como el propio Osama.
Todo parece legal.
Como dice el
profesor Krugman, de Harvard: ""Tal vez ese mercadeo sea legal, pero su
pestilencia marea a cualquiera que lo huela"".
Bueno, tápese la nariz.
Tras el fin de la
guerra fría, esas multinacionales
controlan el 25% del PIB mundial. ¿¿Sabe que el balance anual de la Exxon
es mayor que el PIB de Austria? ¿¿Y que el de la Chevron supera al de
Dinamarca?
Países pequeños, en fin.
Esos directivos, como
en su día los de Enron, gozan de
más poder y fortuna personal que
cualquier rey tenga o haya tenido jamás. Pero recuerde que ese poder se sustenta
sobre un nuevo orden internacional que mata de hambre, insisto, a 5.000
personas cada día. Y ahora se aprestan
a darnos una última vuelta de tuerca.
¿¿Más?
De momento, el
próximo 1 de junio, el G-8, los ocho
países más ricos de la Tierra, se reunirá en Francia, en Evian. Allí Bush les intentará hacer tragar su nuevo orden mundial y
cortará cualquier veleidad europeísta o progresista.
No creo que le
cueste mucho.
Bush les recordará que para que el capital siga fluyendo y
acumulándose en sus paraísos fiscales de vez en cuando hay que sacar
los cañones.
Siempre ha sido
así.
Lo que hemos visto en
Iraq ha sido simplemente el enfrentamiento del cartel del petróleo de Texas que controla la Casa Blanca
contra el cártel de Saddam. Hemos
asistido a una opa sangrienta sobre la segunda reserva mundial de
petróleo que les permite el control
internacional del mercado energético
además de una exhibición de fuerza que ha acabado con el derecho
internacional.
¿¿Había derecho
internacional?
Estados Unidos consume el 32% del petróleo mundial y sólo produce el 17%, así que se ha asegurado sus fuentes de
abastecimiento. Si los europeos aceptan la imposición sistemática de la fuerza será el fin del derecho internacional y de la
ONU.
Ha sucedido otras veces.
Yo creo que no, que vivimos
un momento de ruptura de la civilización, aunque mi amigo Noam Chomsky discrepa y
dice que no hay tal ruptura, sino simplemente un nuevo estadio en la lucha
de clases: los depredadores globalizadores contra la sociedad civil
planetaria.
Perdóneme usted,
pero eso parece más verosímil.
Dice que asistimos a la
definitiva globalización de la lucha
de clases, donde frente a los globalizadores del consenso de Washington
estamos ciudadanos concienciados en ONG como Attac, el Foro de Porto
Alegre y cientos, miles de organizaciones que se oponen a la dictadura
universal del capital financiero, donde las cifras beneficios devoran a
los seres humanos.
También hay
antiglobalizadores reaccionarios.
Desde luego, pero eso no hace
menos peligrosos a los globalizadores.
¿¿No encuentra nada bueno
en los nuevos tiempos?
Vivimos la ruptura del tiempo, de la
historia. Lo que el capital globalizador pone ahora en cuestión son todas las conquistas de la
Ilustración. Hemos vivido 250 años en Occidente de la soberanía popular y su poder legítimo delegado en nuestros representantes
por contrato social. Esas fronteras ya no interesan a los globalizadores.
Todos los valores de nuestra civilización ––de todas–– son ahora negados por el
neoliberalismo armado.
Autor: Lluís Amiguet
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