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Página Inicial de Teusaquillo
SERMON DE ERIK YODER SOBRE LOS DONES DE DIOS
Palabra: Efesios 4:1-8, 11-16 La vida en Cristo Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación ;un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo. El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo;hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error;sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor. Buenos dias a todos y todas. Les saludo en el nombre de Cristo. Para quienes no me conocen, mi nombre es Erik y doy gracias a Dios por el privilegio de estar aquí en Colombia estas dos semanas, junto con mi esposa Leanne y mis dos hijos Joshua y Allyson. Nosotros somos los cuatro representantes de su iglesia hermana Shalom de Tucson, Arizona de los Estados Unidos. Esta visita la hemos anticipado con gran anhelo desde hace casi medio año cuando supimos que a nosotros ibamos a tener la oportunidad de viajar hasta Colombia y tener el privilegio de pasar estos días compartiendo experiencias y escuchando las historias de fe de esta comunidad, que cada año son para nosotros mas preciosas y especiales. Antes de llegar acá, estuve refleccionando sobre el camino de fe que nuestras dos comunidades han recorrido para llegar a este momento. Yo creo que fue en el año 2001, hace ocho años, que esta historia tuvo su principio. Originalmente, la invitación de esta hermandad a nosotros fue extendida por parte de su pastor Pedro quien estaba de visita en Tucson junto con Ricardo Pinzón y Ricardo Esquivia. En esa visita, Pedro predicó un día domingo y nos dejó un documento del comité de hermandad de la comunidad de Teusaquillo que en aquel entonces estaban conformado por Luis Correa, Dora Pereira, Oliva Ruiz y Diego Castro. En ese documento, presentaron a su comunidad, nos contaron la historia y los orígenes de la iglesia menonita en Colombia, y nos dejaron una descripción de la comunidad de Teusaquillo con sus diversos programas y ministerios. Me acuerdo que nuestra respuesta inicial a esta invitación fue positiva, pero como pasa muchas veces por la distancia y la diferencia de idiomas, creo que la aceptación de parte nuestra tardó un poco. Sin embargo, formamos un comité, y en los meses seguidos, hicimos planes para enviar la primera delegación. Mi esposa Leanne, junto con 5 personas de nuestra comunidad, tuvieron el privilegio de participar en este primer encuentro de nuestras congregaciones el cual se realizó en el año 2002. Todaviá me acuerdo del cambio que noté en ella cuando regresó de esa primera visita. Desde el momento que nos vimos en el aeropuerto, fue evidente que algo le había transformado. Las personas que conocio, las historias que escuchó, y las experiencias que tuvo le dieron una visión completamente diferente de la familia de Dios. Fue algo que pude observar inmediatamente al ver su rostro; cómo sonreía, como hablaba con tanto cariño de Uds., y como contaba una y otra vez los encuentros que había tenido, la manera en que esta comunidad le había hospedado con tanta generosidad y amor. Al próximo año, enviamos una segunda delegación, en la cual, gracias a Dios, yo tuve la oportunidad de participar. Me acuerdo que acepté la invitación con mucha espectativa y alegría. Y ya estando aquí, pronto comprendí porque Leanne había regresado transformada. Yo me crié en una familia menonita, gracias a Dios en un hogar donde el amor de Dios siempre fue evidente y se me presentaron muchas experiencias en la vida. No quiero ni por un segundo menospreciar a las personas que me formaron en la fe. Pero Colombia fue para mí un contexto completamente nuevo para ver como el Reino de Dios está activo y poderoso para cambiar las realidades por tristes y violentas que sean. Regresé a mi comunidad con una visión completamente nueva del Pueblo de Dios como el actor principal contra la desesperación, la pobreza y la injusticia de este mundo. Aunque todavía no entendía como una hermandad entre nuestras dos iglesias, con sus diversas culturas, sus diferentes idiomas, y sus distintas realidades podría ser beneficiosa para Uds. Muy pronto llegué a comprender que para nosotros como cristianos norteamericanos, esa relación podría llegar a ser algo muy esencial para la vida de nuestra comunidad. Así que en muy poco tiempo, la semilla de esta relación que Uds. sembraron fue creciendo y tomando forma. No es una exageración decir que esta experiencia de transformació No quisiera ni intentar hablar por Uds., pero creo que para nosotros, por medio de esta relación, entendemos un poco mejor el fenómeno al cual se refiere Pablo en los versículos que acaba de leer Joshua. Dice Pablo: "Os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocació ;un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos. Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo." Para nosotros, la voz de esta comunidad, su testimonio de fe, y la voz de esperanza que resuena a veces en las naciones del mundo representa una manifestación concreta de este don de Cristo, un regalo sagrado que el cuerpo de Cristo comparte entre sí en los diferentes momentos de la historia cuando una parte de Su cuerpo tiene una palabra que es capaz de mantener, de sostener y de reforzar otra parte del cuerpo en cualquier momento crítico. Queremos que Uds. comprendan que para nuestra comunidad, esta relación sigue siendo una que nos anima, que nos mantiene en la fe y que nos sirve como el don de Cristo del cual habla Pablo. Cuando estuve aquí en el año 2003, la iglesia menonita de Colombia estaba celebrando 50 años de su historia. Y todavía me acuerdo el sentido profundo de gratitud y aprecio que fue expresado por parte de la iglesia Colombiana hacia los países que en aquel entonces enviaron sus misioneros para sembrar la semilla del evangelio aquí, compartiendo así el don de Cristo en aquel tiempo. Es en este mismo sentido de gratitud y aprecio que nosotros sentimos ahora por Uds mientras esta relación continua y se fortalece. San Pablo continua tratando el tema del don de Cristo cuando dice: Él dió a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Notemos algo importante aquí primeramente, que Dios es quien nos da esta abilidad. Él es el autor de estos dones que capacitan a su cuerpo. Fijémenos en la amplietud y diversidad de estos dones: unos para apóstoles, otros profetas, evangelistas, pastores, maestros. Cuando comenzamos a conocer la variedad de estos dones que existen entre todos los hermanos y hermanas de esta congregación comenzamos a entender lo generoso y abundante que es la provisión de Dios para su amado pueblo. El propósito de esta generosidad es un solo propósito. Dice Pablo:… …para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres …como dice, para que "crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor. Este tema de los dones de Cristo y la manera como nos ayudan a crecer y madurar, es uno que nuestra comunidad ha estado explorando recientemente. Ahora en Arizona donde vivimos, estamos en la temporada de verano. Alumnos y maestros están ahora en vacaciones. Es el tiempo más caloroso en el desierto y cuando las personas buscan escapar del calor viajando y asistiendo a diferentes conferencias. Resulta que este año, durante esta temporada de verano, nuestros cultos y servicios religiosos se tornan más informales. Esta informalidad se presta para ofrecer a los miembros de la congregación espacios para compartir con los demas sus experiencias de vida. Este año estamos explorando el tema que surge de una pregunta. La pregunta es: Que hace que mi corazon cante?̈ O en inglés: "What makes my heart sing?" Esta pregunta surge de una suposición, que las cosas de la vida que continuamente nos producen alegría en el sentido más profundo de la palabra, son los mismos dones de Cristo en la vida de cada individuo. A veces estos dones hasta son el motivo por los cuales Dios nos da vida, y por los cuales existimos, y por los cuales estamos aquí en la tierra. Quiero compartir las experiencias de tres personas de nuestra congregación que han respondido en su propia manera a esta pregunta, "Que hace que mi corazon cante?̈ Para nosotros, las experiencias de estas personas nos han ayudado a darnos cuenta de la generosidad de nuestro Dios en nuestras vidas. Jen Metzler, quien estuvo aquí el año pasado nos habló en particular sobre los dones de la solidaridad y la empatía. Específicamente, compartió su experiencia durante el mes de junio cuando participó en una caminata de solidaridad de 120 kilómetros en el desierto, junto con otras 75 personas de diversos creencias: Evangélicos, Católicos, e Indígenas de diferentes países e idiomas, incluyendo otras dos personas de la comunidad. El objetivo de la caminata fue promocionar una jornada de paz para recordar a los compañeros, amigos y familiares que murieron en el desierto tratando de cruzar la frontera entre Mexico y EEUU. y de testificar acerca de la tragedia de muerte e inhumanidad de nuestro medio. Finalmente, caminar como comunidad en contra de las fronteras que intentan dividirnos, caminar comprometidos a luchar juntos por la dignidad de todos. Jen nos relató su experiencia durante esta caminata; cómo los participantes se cuidaban unos a otros con cariño, ayudándose a encontrar un lugar para descansar, a veces envolviéndose los pies ampollados unos a otros, o cantando canciones mientras caminaban. Contó como llegaban representantes de las diversas comunidades de alrededor cada día y noche para llevarles alimentos y refrescos. Mientras caminaban, cada uno llevaba una cruz con el nombre de un inmigrante que había muerto tratando de atravesar el desierto, pensando en los sueños que tenían en un futuro mejor, pensando en sus familias y seres queridos que dejaron atrás, y siempre conscientes de la presencia de los espiritus de cada inmigrante que los acompañaba en este peregrinaje. Nos habló de la dificultad que ella sentía, y todavía siente, de poder identificarse con la experiencia de aquellos inmigrantes, tan ajena a la posición de privilegio que ella tiene. Que para poder identificarse con otra persona de una realidad completamente distinta a la suya, tenía que estar dispuesta a entregar su propia identidad y seguridad. Se dió cuenta de todas las defensas que nosotros edificamos todos los días para mantener nuestra seguridad y bienestar, y que la empatía y la solidaridad nos impulsan a entregar. Confesó que esto es una lucha constante para ella, y cómo esta caminata fue para ella un desafío de seguir en este camino. Otro domingo, Jay Goodspeed nos habló sobre el don de la música como un medio de oración. Jay es guitarrista, y nos compartío unas cinco canciones que Dios le había dado durante momentos específicas de su vida, cada una como una oración. La canción más reciente de estas es basada en la canción de Zacarías del antiguo testamento. Zacarías, tal como Jay, no era un hombre joven, pero aún esperaba el día cuando su deseo más profundo se convirtiera en realidad: especificamente, el deseo de tener un hijo. Uds. no conocen a Jay. Jay no es casado, ni está comprometido. Jay tiene aproximadamente 55 años de edad. Resulta que el año pasado, un primo de él murió de cancer. Este primo tenía un hijo que se llama Damon. La mamá de Damon, la ex-esposa del primo de Jay que murió, los había abandonado y ella fue incapaz de cuidar a Damon después de que su papá murió. No les voy a contar toda la historia, pero lo que sí les cuento es que el resultado final de esta situación fue que Jay pudo lograr adoptar a Damon y ahora vive con él como si fuera su propio hijo. Así que por medio de estas circunstancias un poco tristes, Dios obró para que su sueño de tener un hijo fuera realidad, algo que hasta entonces le había parecido imposible. La canción que él compuso, que se llama el canto de Zacarías, fue otro ejemplo concreto del don de Dios en la vida de Jay. Tal como le había pasado muchas veces en la vida en momentos especiales, la canción le ha servido como, expresándole a Dios sus sentimientos más profundas y que las palabras no podían expresaban. El último ejemplo que les quiero compartir es la experiencia de Betty. Betty nos habló del don especial de la oración que recientemente le llegó de una forma nueva: la oración por medio de la práctica de la visualización. En este tipo de oración, Betty utiliza la imagen de la luz de Dios, visualizando esta luz penetrando por su cabeza y poco a poco descendiendo por los diferentes centros de energía que existen en su cuerpo. Mientras está recibiendo esta luz de Dios, entran en su consciencia los recuerdos de sus seres queridos. Betty se imagina envolviendo a cada uno de ellos en la cobija del amor de Dios. Esta experiencia de oración cobija también a las personas con quienes ella tiene dificultades. Poco a poco, esto le lleva a Betty a un punto de perdonar. Betty dice que mientras utiliza esta práctica de oración, se siente muy amada de Dios. Por eso ha anhelado continuar orando de esta manera. Con tiempo, ha comenzado a a notar unos cambios en la transformació Para concluir: notemos que en estos versículos de Pablo, él se refiere muchas veces a la imagen del cuerpo, a la manera en que nosotros mismos, la iglesia, somos el propio cuerpo de Cristo. Cuando refleccionamos sobre las maneras tan diversas y generosas que utiliza nuestro Señor para edificarnos, entendemos un poco mejor su provecho. Los dones de Dios se manifiestan por medio de hermanos y hermanas cercanos como Betty, Jay, and Jen y por medio de hermanos y hermanas que están más lejos como Uds. Todos ellos nos invitan a una relación de fe. Lo que vemos, hermanos y hermanas, es un solo Dios, un solo Espiritu, una sola Generosidad Divina que nos cuida a nosotros, su amado pueblo, y quiere que maduremos y crezcamos en la fe. ¡Eso es algo muy digno que tenemos que celebrar! |
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