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El tema de este mes, y de hoy, es Yo Hago Nuevas Todas las Cosas. Esta frase que describe el accionar de Dios, viene del capítulo 21 de Apocalipsis. Dice así Apocalipsis 21:1-5:

1Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y también el mar.

2Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de la presencia de Dios. Estaba arreglada como una novia vestida para su prometido. 3Y oí una fuerte voz que venía del trono, y que decía: "Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir."

5El que estaba sentado en el trono dijo: "Yo hago nuevas todas las cosas." Y también dijo: "Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza."

En este pasaje habla de una sociedad nueva, un mundo nuevo, una vida nueva para todas y todos. Es la promesa del Señor de lo que nos espera cuando se haga realidad la intención con la cual creó el mundo. Cuando Dios creó al mundo, dice el Génesis que miró lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Cuando Dios hace del mundo, y de nosotros, cosas nuevas, no es que esté corrigiendo sus errores del

pasado, sino que nos está volviendo a lo que fue su intención desde un principio para nosotros. Es y ha sido la intención de Dios que vivamos en bienestar, y que no haya entre nosotras y nosotros ni muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor. Esta siempre fue su intención, y es a esta vida que estamos llamados.

La imagen de hacer nuevas todas las cosas, de renovar, aparece en muchas partes del Evangelio, como hemos visto en estos domingos. II Corintios 5:17 dice: 17Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo. O mirando el versículo en su contexto, leyendo del 4 al 21, dice:

4El amor de Cristo se ha apoderado de nosotros desde que comprendimos que uno murió por todos y que, por consiguiente, todos han muerto. 15Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos.

16Por eso, nosotros ya no pensamos de nadie según los criterios de este mundo; y aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios, ahora ya no pensamos así de él. 17Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo. 18Todo esto es la obra de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el encargo de anunciar la reconciliación. 19Es decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres; y a nosotros nos encargó que diéramos a conocer este mensaje. 20Así que somos embajadores de Cristo, lo cual es como si Dios mismo les rogara a ustedes por medio de nosotros. Así pues, en el nombre de Cristo les rogamos que acepten el reconciliarse con Dios. 21Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo.

El primer pasaje que leímos, Apocalipsis, habla de una sociedad, un mundo nuevo. Este pasaje de Corintios habla de una persona nueva. Vale anotar que en la Biblia las dos van conectadas: una sociedad, un mundo nuevo, va de la mano con personas renovadas. No se puede tener la una sin la otra. Es bueno tener en cuenta esta relación ahora que estamos en procesos de desmovilización y audiencias públicas que, según la ley, deben lleva a justicia y paz en el país. La Biblia parece decirnos que si el proceso no se marca por una transformación de las personas que cometieron los crímenes, si no hay arrepentimiento y cambio de vida, no habrá ni justicia ni paz—no basta con decir lo que hizo, si no se arrepiente se repara, y se deja atrás esa forma de actuar. Esta es una crítica y un llamado de fondo que, como seguidores de Jesucristo le hacemos a este proceso.

Para la reflexión esta mañana sobre las cosas nuevas que hace Dios, miremos dos aspectos, la vida vieja del pecado y la vida nueva.

LA VIDA VIEJA Y EL PECADO

Primero miremos el pecado. Hay una forma de pensar en el pecado que toma como modelo los reglamentos en un colegio, o las leyes en una sociedad. Son una serie de normas de conducta que alguien, que normalmente no es uno, decidió que se deben cumplir, y que si no se cumplen, habrá sanción, castigo. En un colegio puede ser, por ejemplo, que los muchachos no pueden usar el pelo largo. La administración del colegio decide que por el bien de todos, es mejor que el cabello se use corto. En un colegio puede ser hasta las orejas, en otro hasta los hombros, y en otro, el largo que el joven quiera. Es arbitrario. Pero lo cierto es que si no cumple, será castigado. Y entonces el joven, o cumple, o busca la forma de engañar a la Coordinadora de Convivencia, de tal forma que no se de cuenta que tiene el pelo más largo de lo que permite la norma. Y si logra engañarla, se siente exitoso. Esta misma mentalidad está en el dicho popular de que el que peca y reza empata. Tiene la imagen de Dios como un gran Coordinador de Convivencia en el cielo, que está mirando a ver a quien pilla haciendo lo prohibido, para castigarlo. Esta no es una forma útil de entender el pecado.

Otro modelo de entender el pecado es el de las leyes de la naturaleza, la gravedad por ejemplo. Este no es un modelo de sanciones sino de consecuencias. Si yo me paro en el balcón de un edificio, o en una silla, y doy un paso al vacío, voy a caer. Esto no es un castigo ni una sanción. Es sencillamente una consecuencia. Si yo fumo, es muy probable que me enferme y muera de cáncer del pulmón. Esta no es una sanción o un castigo. Es una consecuencia. Si yo lo robo a usted de su dinero, usted queda sin el recurso para comprar su mercado. Lo que la víctima sufre no es un castigo, sino la consecuencia del robo del ladrón. Según este modelo, no aplica el que peca y reza, empata. No aplica que si no me pillan, no tengo problemas. No aplica que si nadie ve al ladrón robar, entonces la víctima no sufre. Aunque nadie me vea, si doy un paso al aire del balcón, me caigo. Aunque no haya testigos de que un político robó, o un actor armado mandó matar a un campesino, no por eso deja de estar muerto el campesino.

Pecado, entonces, describe las formas de ser y actuar que hacen daño, que nos perjudican a nosotros mismos y perjudican a otras y otros, destruyendo la armonía y el bienestar que Dios ha querido para su creación. Dice la Palabra que la paga del pecado es muerte.... Y es importante entender que las consecuencias del pecado, y de la vida en pecado, son para el que comete el acto y para la víctima. Entonces, si queremos ver donde está el pecado, miremos donde está la muerte, donde está lo que destruye y perjudica.

Hay niños en este país que mueren de hambre. Ahí hay pecado, y ellos son víctimas. El pecado no es suyo, sino de otros, pero los niños sufren las consecuencias.

Hay personas que no tiene acceso a atención en salud, porque no hay servicio o es costoso. Y en consecuencia se quedan enfermos, o se mueren prematuramente. Son víctimas del pecado, no el suyo, sino de un sistema que prioriza otras cosas, como el enriquecimiento de unos pocos.

Hay hogares destrozados por al alcohol, porque algunos se han dedicado a beber y de pronto otros los alcahuetean. Hay bebés que nacen sin un hogar y sin una mamá y un papá que los cuiden, porque los que los engendraron entraron en relación sexual sin amor ni relación ni compromiso. Hay familias que viven en amargura, porque se la pasan en peleas.

Es importante tener en claro que el pecado genera víctimas. Y esto no quiere decir que las víctimas son responsables de lo que sufren. Si usted fue golpeada, o si usted vive en pobreza a pesar de todos sus esfuerzos, o si usted fue engañado a pesar de obrar en buena fe, o si usted fue obligado a dejar su tierra, o si usted va al hospital y no lo atienden, usted es víctima del pecado. No del suyo, sino de quienes cometieron los actos. Y al mismo tiempo, usted y yo tenemos que mirar si estemos actuando de forma dañina hacia otros, llevándolos a ellos a sufrir, haciéndolos víctimas del pecado de mío, y perpetuando ciclos de violencia. Por eso la Palabra nos dice de no devolver mal por mal.

En la sociedad hablamos de injusticia, de corrupción, de violación, de enriquecimiento ilícito, de irresponsabilidad paternal, de impunidad, muerte prematura, peleas... todos estos términos describen acciones que llevan a la destrucción y a la muerte. Lo que el término pecado aporte, me parece a mi, es el entendimiento de que estas formas de vivir y actuar van en contra de la misma esencia e intención de Dios para el mundo y su creación. En ese sentido, la injusticia o el irrespeto o la corrupción o el mal trato, no son solamente problemas para su vida o mi vida, para un hogar, o una sociedad o un país, sino que están en contravía con la misma naturaleza y voluntad de Dios para el mundo. Nunca se dará la sociedad que anhelamos, nunca habrá vida plena donde no hay llanto, ni tristeza, ni dolor, si como personas y sociedad persistimos en el pecado. Por eso es importante pasar a la Vida Nueva.

Romanos 6:15 a 23 lo describe así:

15¿Entonces qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos sujetos a la ley sino a la bondad de Dios? ¡Claro que no! 16Ustedes saben muy bien que si se entregan como esclavos a un amo para obedecerlo, entonces son esclavos de ese amo a quien obedecen. Y esto es así, tanto si obedecen al pecado, lo cual lleva a la muerte, como si obedecen a Dios para vivir en la justicia. 17Pero gracias a Dios que ustedes, que antes eran esclavos del pecado, ya han obedecido de corazón a la forma de enseñanza que han recibido. 18Una vez libres de la esclavitud del pecado, ustedes han entrado al servicio de la justicia. 19(Hablo en términos humanos, porque ustedes, por su debilidad, no pueden entender bien estas cosas.) De modo que, así como antes entregaron su cuerpo al servicio de la impureza y la maldad para hacer lo malo, entreguen también ahora su cuerpo al servicio de la justicia, con el fin de llevar una vida santa.

20Cuando ustedes todavía eran esclavos del pecado, no estaban al servicio de la justicia; 21pero ¿qué provecho sacaron entonces? Ahora ustedes se avergüenzan de esas cosas, pues solo llevan a la muerte. 22Pero ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios. Esto sí les es provechoso, pues el resultado es la vida santa y, finalmente, la vida eterna. 23El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor.

LA VIDA NUEVA

Miremos ahora la Vida Nueva a que nos invita el Señor. Dice Romanos 6:23, El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor. Dice Jesús en Juan 10:10, He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

La primera observación en cuanto a las cosas nuevas de Dios, es que son nuevas para nosotros, pero no para Dios. La vida plena ha sido su intención desde la creación del mundo. Le ha amado a usted y a mi desde el vientre de la madre e inclusive desde antes que fuera concebido. Dios quiere lo mejor para usted, para mi, para todas y todos. Pero como personas y sociedad hemos optado por el camino del pecado. Y Dios, amándonos tanto, envió a su Hijo mismo como muestra y acto de amor para salvarnos de esta vida de sufrimiento y maldad. Si usted está sufriendo, busca a Dios. Puede ser que usted sufre la consecuencia de sus propios actos, o puede ser que usted sea víctima de los actos de otros. Como dice el himno, cuéntaselo en oración. Dios quiere para usted una vida plena, abundante. Y se la dará.

El segundo punto en cuanto a la nueva vida, es que muchas veces no reconocemos el camino que conduce a ella. Vivimos en una sociedad donde impera la ley del más fuerte, se da prelación al más rico, cada uno mira a su propio plato, la violencia es tenida como la solución, se negocia la justicia, los hombres golpean a las mujeres, la borrachera es la forma de celebrar, el sexo no tiene relación con el amor y la responsabilidad, se puede tomar lo ajeno si no lo ven a uno, puedo mentir si me favorece, la culpa es del que da papaya, y si yo no me cuido, nadie va a cuidar de mi. Si así es el medio en que vivimos, no es de extrañar que si se nos propone otra manera de vivir, nos parece extraño y contra sentido. Pero Proverbios 16:25 nos advierte: Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte. Y si no creemos que eso es cierto, miremos a nuestro país; miremos el estado de cosas.

Y por eso la invitación de Romanos 12:2:

No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.

No es fácil dejar la vieja forma de vivir, la forma de vivir y los valores del entorno. Pienso que es por eso que la Palabra habla de nacer de nuevo. Es como volver a empezar, aprender de nuevo a caminar, a hablar, a actuar.

Efesios 4:17 a 32 nos da pautas de cómo hemos de vivir si queremos disfrutar de vida plena, y si queremos una sociedad de vida plena:

17Esto, pues, es lo que les digo y les encargo en el nombre del Señor: que ya no vivan más como los paganos, los cuales viven de acuerdo con sus equivocados criterios 18y tienen oscurecido el entendimiento. Ellos no gozan de la vida que viene de Dios, porque son ignorantes a causa de lo insensible de su corazón. 19Se han endurecido y se han entregado al vicio, cometiendo sin freno toda clase de cosas impuras. 20Pero ustedes no conocieron a Cristo para vivir así, 21pues ciertamente oyeron el mensaje acerca de él y aprendieron a vivir como él lo quiere, según la verdad que está en Jesús. 22Por eso, deben ustedes renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse de lo que antes eran, ya que todo eso se ha corrompido, a causa de los deseos engañosos. 23Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar, 24y revestirse de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se distingue por una vida recta y pura, basada en la verdad.

25Por lo tanto, ya no mientan más, sino diga cada uno la verdad a su prójimo, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo.

26Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. 27No le den oportunidad al diablo.

28El que robaba, deje de robar y póngase a trabajar, realizando un buen trabajo con sus manos para que tenga algo que dar a los necesitados.

29No digan malas palabras, sino solo palabras buenas y oportunas que edifiquen la comunidad y traigan beneficios a quienes las escuchen. 30No hagan que se entristezca el Espíritu Santo de Dios, con el que ustedes han sido sellados para distinguirlos como propiedad de Dios el día en que él les dé la liberación definitiva.

31Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. 32Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Estas no son caprichosas reglas de convivencia. Son leyes naturales, que llevan como consecuencia la buena vida, si las ponemos en práctica.

Igualmente podemos considerar toda la enseñanza de Jesús de cómo hemos de vivir. Mateo 5, 6, y 7, por ejemplo. Recordemos lo que dice Jesús en Mateo 5 de lo que lleva a la felicidad:

3 "Dichosos los que tienen espíritu de pobres,

porque de ellos es el reino de los cielos.

4 "Dichosos los que sufren,

porque serán consolados.,

5 "Dichosos los humildes,

porque heredarán la tierra prometida.

6 "Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,

porque serán satisfechos.

7 "Dichosos los compasivos,

porque Dios tendrá compasión de ellos.

8 "Dichosos los de corazón limpio,

porque verán a Dios.

9 "Dichosos los que trabajan por la paz,

porque Dios los llamará hijos suyos.

10 "Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo,

porque de ellos es el reino de los cielos.

11"Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras. 12Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo; pues así también persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.

La vida nueva, y lo que conduce a ella, se caracteriza por ser humilde, por ansiar la justicia, por tener compasión y ser de corazón limpio. Por trabajar por la paz. Aunque se sufra. Por ahí es. Cuentan los Evangelios que muchos se escandalizaron por lo que decía Jesús, y lo abandonaron, pero por ahí es. Entonces, no se desconsuele si usted sufre, porque será consolado. No se desconsuele si usted es pobre, porque el reino de Dios le pertenece. Y Dios cumple su promesa.

Dios tiene una visión y un compromiso con la plenitud de vida, vida eterna, para toda su creación. Isaías 65:17 a 25, lo describe así:

17 "Miren, yo voy a crear

un cielo nuevo y una tierra nueva.

Lo pasado quedará olvidado,

nadie se volverá a acordar de ello.

18 Llénense de gozo y alegría para siempre

por lo que voy a crear,

porque voy a crear una Jerusalén feliz

y un pueblo contento que viva en ella.

19 Yo mismo me alegraré por Jerusalén

y sentiré gozo por mi pueblo.

En ella no se volverá a oir llanto

ni gritos de angustia.

20 Allí no habrá niños que mueran a los pocos días,

ni ancianos que no completen su vida.

Morir a los cien años será morir joven,

y no llegar a los cien años será una maldición.

21 La gente construirá casas y vivirá en ellas,

sembrará viñedos y comerá sus uvas.

22 No sucederá que uno construya y otro viva allí,

o que uno siembre y otro se aproveche.

Mi pueblo tendrá una vida larga, como la de un árbol;

mis elegidos disfrutarán del trabajo de sus manos.

23 No trabajarán en vano

ni tendrán hijos que mueran antes de tiempo,

porque ellos son descendientes

de los que el Señor ha bendecido,

y lo mismo serán sus descendientes.

24 Antes que ellos me llamen,

yo les responderé;

antes que terminen de hablar,

yo los escucharé. 25

El lobo y el cordero comerán juntos,

el león comerá pasto, como el buey,

y la serpiente se alimentará de tierra.

En todo mi monte santo

no habrá quien haga ningún daño."

El Señor lo ha dicho.

Es una visión de futuro, que describe como será cuando Dios mora en medio de su pueblo. Es una visión de vida plena para toda la sociedad, que aun no es realidad. Nosotras y nosotros que optamos por seguir a Jesucristo, compartimos el mensaje del Evangelio de la intención de Dios y trabajamos por que esta visión se haga una realidad: trabajamos por la paz, por la justicia y por el bienestar para todas y todos.

Pero la vida no es sólo procesos sociales y grupales. El sufrimiento y la felicidad son cosas que vivimos en carne propia, en nuestras vidas: son muy personales. La promesa de Dios, su acción de crear cosas nuevas, vida nueva, no es sólo para un futuro lejano, sino para el aquí y ahora, para su vida y mi vida.

Cuenta Juan 6 que Jesús le dio de comer a más de cinco mil personas. Que en un evento un líder le dé de comer a muchas personas no es extraño a nuestro medio. Muchos políticos lo hacen, particularmente en época de elecciones. En el relato de Juan 6, cuenta que al día siguiente de haber recibido pan, la gente le fue a buscar a Jesús. Y Jesús, advierte que la gente puede estar confundiendo lo superficial y pasajero con lo de fondo, siguiéndolo por la razón que no es. Dice empezando en el versículo 25:

5Al llegar ellos al otro lado del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron:

—Maestro, ¿cuándo viniste acá?

26Jesús les dijo:

—Les aseguro que ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse, y no porque hayan entendido las señales milagrosas. 27No trabajen por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.

28Le preguntaron:

—¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos?

29Jesús les contestó:

—La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado.

30Le preguntaron entonces:

—¿Qué señal puedes darnos, para que al verla te creamos? ¿Cuáles son tus obras? 31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: ‘Les dio a comer pan del cielo.’

32Jesús les contestó:

—Les aseguro que no fue Moisés quien les dio a ustedes el pan del cielo, sino que mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. 33Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo.

34Ellos le pidieron:

—Señor, danos siempre ese pan.

35Y Jesús les dijo:

—Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed. 36Pero como ya les dije, ustedes no creen aunque me han visto. 37Todos los que el Padre me da, vienen a mí; y a los que vienen a mí, no los echaré fuera. 38Porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. 39Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el día último. 40Porque la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en él, tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día último.

Jesús ofrece el pan de vida. Lo que realmente satisface. Y más adelante dice, en Juan 7:37 a 29

37–38El último día de la fiesta era el más importante. Aquél día Jesús, puesto de pie, dijo con voz fuerte:

—Si alguien tiene sed, venga a mí, y el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura, del interior de aquél correrán ríos de agua viva.

39Con esto, Jesús quería decir que los que creyeran en él recibirían el Espíritu; y es que el Espíritu todavía no estaba, porque Jesús aún no había sido glorificado.

Jesús nos ofrece su Espíritu, su presencia, que dice será como río de agua viva en nuestras vidas.

Y hemos entendido que es en la Iglesia, la comunidad de fe, el espacio de nuestra vida y relacionamiento juntos, donde podremos empezar a vivir desde ya esa nueva sociedad, donde como dice Apocalipsis, Dios mora en medio de su pueblo. Pueda que haya llanto y sufrimiento porque vivimos en medio de una sociedad que le hace daño a su gente y nosotros también nos herimos a veces. Pero ya no estamos solos, y podemos ayudarnos a sobrellevar las cargas. Nos podemos acompañar unos a otros, apoyarnos, y animarnos y buscar salidas. Podemos aprender a poner en práctica el amor y perdonarnos cuando nos quedamos cortos.

LA INVITACIÓN

En esta Iglesia invitamos a tomar la decisión de seguir a Jesucristo, de entregar la vida, el corazón a Él. Hacer esto no es una cuestión de palabra, de hacer un gesto, de firmar en la raya. La palabra o el gesto pueden ser un inicio, pero si se queda allí, y no dejamos que el Señor realmente transforme nuestra forma de pensar y de actuar, entonces de poco o nada sirve el gesto. No estamos permitiendo que Dios haga nueva nuestra vida, y por medio nuestro a nuestro entorno.

Seguir a Cristo es una opción de vida. Naturalmente que recaeremos en la vida vieja, en los valores del entorno, y por eso es importante el perdón y el apoyo mutuo, de que otras personas crean en nosotros y en que podemos seguir a Jesús. Y naturalmente que las consecuencias del pecado del pasado dejan sus cicatrices, dejan sus huellas, sus efectos. Pero la promesa de Dios es vida eterna, vida plena, ríos de agua viva. Y nos ha dado su Espíritu, y la comunidad de fe, para acompañarnos esta renovación de vida que Dios está haciendo en nosotros.

LA REFLEXIÓN

Antes de empezar la reflexión bíblica, invité a que pidieran de Dios una palabra para sus vidas en esta mañana. Invito a que nuevamente estemos en silencio, y pensemos si en lo que he podido compartir con ustedes, o si en los cantos y los testimonios y oraciones de esta mañana, hay una palabra para usted. Céntrese en esa palabra, y dele gracias a Dios.