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Página Inicial de Teusaquillo
COMUNIDADES ANABAUTISTAS RENOVADAS POR EL ESPÍRTU SANTO,
ANTE LAS ELECCIONES por Pablo Stucky Texto: I Pedro 3.8-18 1. Introducción Hoy es día de elecciones presidenciales. Se han planteado como clave para el futuro del país. Quiero invitar a una reflexión sobre esta coyuntura desde el lema del mes: Comunidades anabautistas renovadas por el Espíritu Santo. ¿Cómo podemos pensar este evento cívico—político en nuestro país? ¿Qué elementos nos da nuestra fe? Muchos llegamos a la Iglesia Menonita con raíces en la Iglesia Católica. Es una tradición muy rica, pero de cara a las elecciones quiero señalar una posible, y lo hago con respeto y sin querer tergiversar. En la Iglesia Católica hay mucho énfasis en la jerarquía. De hecho, cuando se habla de la Iglesia, muchas veces se refiere a los jerarcas de ella. Y lo que ellos dicen y hacen se visibiliza como realmente muy importante para el país. Este estereotipo enfatiza que lo importante realmente es el líder, y que lo que digamos o hagamos las y los demás no es de mayor significancia. Desde ese punto de vista, las elecciones presidenciales son el momento más importante de nuestro ejercicio ciudadano, porque elegiremos al máximo líder. Y ciertamente la calidad del líder es importante. Pero si el líder se va por mal camino, y le seguimos porque él es el importante, entonces todo el país va para mal. Tal vez, en términos populares la pregunta es, '¿Quién ronda al alcalde?'. Muchos también llegamos a la Iglesia Menonita con raíces en las iglesias evangélicas. Es una tradición muy rica, pero de cara a las elecciones quiero señalar una posible herencia, y lo hago con respeto y sin querer tergiversar. Tal vez uno de los estereotipos de los evangélicos y evangélicas es que mayormente se concentran en sí mismos—su propia integridad y honestidad de vida, su salud, su bienestar económico, su felicidad, el bienestar de su familia, su seguridad. Y Dios es a quien apelamos para que nos garantice todos estos aspectos, que por cierto son muy importantes porque son condiciones para una vida digna, feliz. Y en tanto que nos centramos en nosotros mismos, se nos acusa de estar desinformados de lo que pasa en la sociedad y de ser indiferentes a los procesos políticos. Pero bueno, a esto podríamos responder que bastante tenemos con vivir correctamente y sacar adelante nuestro propio proyecto de vida, como para también preocuparnos por las problemáticas sociales, acerca de las cuales, igual, poco o nada podemos hacer. Así, con nuestra tradición evangélica vivimos en una burbuja. Aprendemos a navegar por las aguas de la sociedad, procurando que el gobierno, las instituciones y los vecinos nos perjudiquen lo menos posible, y nos apoyen lo más posible nuestro proyecto individual. Tal vez, en términos populares el lema, 'cada uno mire su propio plato y coma callado'. Hay momentos, sin embargo, cuando el mundo externo toca nuestro mundo personal y lo afecta. No lo podemos esquivar. Y tenemos que decidir qué hacer porque se ve afectado necesariamente nuestro proyecto personal. Un ejemplo lo ilustra la historia del Buen Samaritano. Es la historia de unos viajeros que se encontraron con un hombre tirado al lado del camino que había sido asaltado. Tenían que decidir qué hacer. Ante alguien que sufre, tenemos que decidir si actuar o pasar de largo. Difícil pasar de agache. Otro ejemplo es el reclutamiento militar. El joven cristiano tiene que decidir qué hacer frente al llamado del Estado u otro grupo a entrenar para matar, a sostener una estructura militar, y a matar si es el caso. Y la familia e iglesia del joven tienen que decidir que hacer al respecto. Difícil pasar de agache. Otro ejemplo es el desplazamiento. La familia está cultivando su tierra, cuando llegan unos hombres que le exigen abandonar la finca para abrir paso a los intereses económicos de otros, que la quieren para producción a nivel industrial. Tal vez esto con la aprobación o apoyo de instancias del Estado. Y si la familia no desaloja, llegan las amenazas. Difícil de ignorar. Un último ejemplo, tal vez menos fuerte pero presente, es de definirnos frente al tipo de gobierno que tenemos. Ahí tal vez es un poco más fácil pasar de agache, excepto que en las elecciones, por ejemplo, aun no votar tiene una implicación. Resumiendo, de nuestras raíces católicas reconocemos la importancia de los líderes y su responsabilidad en la conducción del país. De nuestras raíces evangélicas reconocemos la importancia de la moral individual y del bienestar de la persona. La tercera raíz es la anabautista. Sobre ella invito a que profundicemos más, pero para ello, quiero empezar por mirar dos aspectos de las presentes elecciones que me parece que desde el Evangelio plantean falacias muy profundas. 2. Dos falacias La primera falacia tiene que ver con si los candidatos creen, o no, en Dios. Creo que a la fecha todos se han pronunciado creyentes. Pero Jesús fue muy claro cuando dijo, según Mateo 7:21-23, que, "No todos los que me dicen: 'Señor, Señor', entrarán en el reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad de mi Padre celestial. Aquel día muchos me dirán: 'Señor, Señor, nosotros comunicamos mensajes en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros.' Pero entonces les contestaré: 'Nunca los conocí; ¡aléjense de mí, malhechores!'" Y Santiago 2:19-20 lo dice así: "Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero los demonios también lo creen, y tiemblan de miedo. No seas tonto, y reconoce que si la fe que uno tiene no va acompañada de hechos, es una fe inútil." Nuestros antepasados del Siglo 16 fueron muy perseguidos porque su seguimiento a Jesucristo los llevó a plantear que el gobierno no les podía imponer su opción de fe, y porque estaban muy cercanos a grandes movimientos campesinos reclamando derechos a la tierra y a la vida digna. Estos cristianos eran muy conscientes de que quienes los perseguían y encarcelaban eran cristianos católicos o luteranos o reformados. Y hoy en día vemos que en los gobiernos de turno, con gobernantes que se confiesan creyentes en Dios, y no me refiero sólo al actual gobierno sino a gobiernos pasados, no ha habido mayor reparo en matar, desplazar, robar, chuzar, promover políticas económicas que mantienen la inequidad y mucho más. Y mirando el otro lado de la medalla, cuántos líderes de nuestras iglesias, tanto católicas como nocatólicas, han dado su respaldo y bendición a gobiernos que cometen estos males. Así que no es cuestión de decir que se cree o no en Dios. La segunda falacia está relacionada con la primera. Tiene que ver con el programa de gobierno. Los candidatos y la candidata nos presentan sus programas de gobierno. Nos dicen que si hay una combinación de policía con estímulo a la inversión con educación con acuerdos comerciales con inversión extranjera con reforma tributaria con ejercito fuerte con reformas a la justicia, etc., entonces tendremos una sociedad con bienestar y paz para todos. Pero nuestra experiencia nos enseña que todo esto muchas veces no va más allá de promesas o buenas intenciones y nuestra fe nos dice que si no se busca primero el Reino de Dios y su justicia, todo se quedará corto. 3. La propuesta anabautista Volviendo a nuestras raíces en la fe, que desde la Iglesia Católica enfatizan la importancia y responsabilidad cívica de los líderes y desde la evangélica la importancia de la moral y bienestar individual, quiero mirar nuestra raíz anabautista a partir del lema del mes: Comunidades anabautistas renovadas por el Espíritu Santo. 1. Comunidades anabautistas- Nuestros antepasados se organizaron voluntariamente para vivir aquí y ahora el Reino de Dios en comunidades de fe caracterizadas por solidaridad económica, justicia social, honestidad en su actuar y la práctica de la noviolencia—a la manera de I Pedro 3.8-18. La opción de fe de cada uno es importante, y es importante su participación activa y voluntaria en la comunidad de fe, la iglesia. Es vivir desde ya la sociedad que anhelamos para nuestro país. El anuncio de Jesús no era a unas reformas o a un cambio de gobierno — era a un nuevo orden social y la misión de la comunidad cristiana es proclamar y practicar desde ya ese nuevo orden. Juan Driver, el escrito menonita, llama la atención al programa mesiánico de Jesús en Lucas 4.18-21 en el que proclama cambios sociales radicales y rápidos: 16 Jesús fue a Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre, y se puso de pie para leer las Escrituras. 17 Le dieron a leer el libro del profeta Isaías, y al abrirlo encontró el lugar donde estaba escrito: 18 "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a anunciar el año favorable del Señor." 20 Luego Jesús cerró el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los que estaban allí tenían la vista fija en él. 21 Él comenzó a hablar, diciendo: --Hoy mismo se ha cumplido la Escritura que ustedes acaban de oir. Llamamos a los gobiernos a obrar de esta manera, con justicia, verdad, noviolencia y la garantía de condiciones de trabajo, salud, educación y oportunidad para la vida digna—pero no nos quedamos esperando a que el gobierno lo haga sino que tratamos de ponerlo en práctica nosotras y nosotros mismos. Y para ello es importante ser parte de la iglesia—en nuestro caso, la iglesia Menonita de Teusaquillo. Dice Efesios 1.23 que la iglesia es el cuerpo de Cristo. Esta idea la retoma Colosenses 2.18-20, donde recalca que la iglesia es el cuerpo de Cristo y e los versículos 19 y 20 dice, Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz. Así que nuestra responsabilidad como iglesia es ser cuerpo de Cristo y llevar adelante su misión de reconciliación y paz en este mundo. Cuando las personas nos miran como cuerpo cristiano, que vean a Cristo y vean indicios de ese Reino de Dios y se sientan invitados a seguirle. 2. Renovadas por el Espíritu Santo. Entendemos que vivir en comunidad, en seguimiento a Jesucristo, se logra es por gracia de Dios, y muchas veces nos quedamos cortos. En Hechos 1 cuando Jesús se despedía de sus discípulos y les encargaba el ministerio del evangelio les dijo que se esperaran hasta recibir el Espíritu Santo Es el obrar del Espíritu de Cristo en nosotros que nos permite avanzar como comunidad del Cuerpo de Cristo. Y esa misma confianza en el obrar del Espíritu Santo nos da optimismo para mirar el futuro de nuestra sociedad y ser actores sociales para bien. El escritor menonita, Juan Driver, en su libro Contracorriente ilustra esta verdad describiendo a los cuáqueros, un grupo cristiano que tuvo sus inicios en Europa un poco después del inicio del movimiento anabautista. Driver dice Los cuáqueros poseían un optimismo sano en relación con la obra del Espíritu de Dios en medio de la humanidad. Ellos lo llamaban 'la luz de Dios que está en todo hombre', No se trataba de un concepto del humanismo moderno. Era, mas bien, cuestión de dar testimonio al semejante a fin de despertar esa chispa de percepción espiritual que Dios había plantado en él. No eran optimistas en cuando a las posibilidades de ellos seres humanos, como tales, sino en relación con la obra del Espíritu de Dios en ellos. (Pág. 121) Esta confianza en la presencia y obrar del Espíritu Santo nos anima a seguir compartiendo el Evangelio en todas sus dimensiones—a seguir invitando a seguir a Jesús, a enseñar la noviolencia, a trabajar por la paz y la justicia. Porque el Espíritu de Dios obra en cada persona y la Palabra no vuelve vacía. En vista de las propuestas de los candidatos actuales a la presidencia, cito a Juan Driver sobre la propuesta de Jesús: Pero aun más sorprendente y revolucionaria era la visión de Jesús en cuanto a la manera de producir los cambios sociales. Encontramos en los Evangelios una variedad de pistas para reconstruir la estrategia social de Jesús. Se trata del camino de la cruz, de perder la vida para encontrarla, de servir en lugar de enseñorearse sobre los demás y, a la manera del grano de trigo, que produce fruto muriendo, dar la vida en rescate por muchos. (pag 137) El triunfo de la justicia queda asegurado, no porque el poder está en sus manos, sino porque en la economía de Dios la cruz conduce a la resurrección. La relación entre la obediencia del pueblo de Dios y el triunfo en su misión no es de causa y efecto sino de cruz y resurrección . Depende del poder y de la gracia de Dios. (Pág 139) 4. Ante la votación La decisión de votar o no es de cada uno. De cualquier forma importa, porque tanto los votos como las abstenciones se cuentan y tienen implicaciones políticas. Vemos la importancia de elegir buenos líderes, aunque entendemos que el buen futuro no está garantizado por esos líderes. Vemos la importancia de que se den las condiciones para que la gente pueda vivir en paz y bien. La votación permite pronunciarnos sobre temas de salud, educación, seguridad, militarismo, economía, etc.. Vemos también la importancia de la moral y ética personal. Pero entendemos que esa virtud personal puede caer en un individualismo egoísta que puede justificar la violencia para defender sus intereses y llevando inclusive a bendecir malas acciones y soluciones que violentan. Vemos que estamos llamados a ir más allá de una moral individual y organizarnos como comunidades de fe que viven ya el Reino de Dios como ejemplo que anhelamos para la sociedad, que permitamos que el Espíritu Santo obre en nosotros para hacerlo, que entendamos nuestra responsabilidad como cuerpo de Cristo para invitar a las personas y a nuestra sociedad en general a entregarse voluntariamente a Dios y vivir en seguimiento a Jesucristo, nuestro Señor y que procedamos con el optimismo que el Espíritu de Dios puede obrar en todas y todos, hasta los más recalcitrantes. Esto nos recuerda que nuestra lealtad no es a un gobierno o a un gobernante sino al Señor Jesucristo. Y nos recuerda que estamos llamados al ministerio de paz y reconciliación con Dios y el prójimo, no sólo en el momento electoral, sino los 365 días del año. Oremos por Colombia …. |
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