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LO QUE DICE LA BIBLIA

por Hector Mondragón

 

Lo que dice la Biblia

 

Dios ha hablado y habla a la humanidad en muchas formas, aun antes de que comenzara a escribirse la Biblia y aun a quienes todavía no han leído la Biblia; lo invisible de Dios desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras (Romanos1:20). Pero no nos es fácil distinguir qué es de Dios y qué no. Gracias a la Biblia podemos distinguir lo que realmente dice Dios: los libros que la forman son el “canon” de la Biblia, son como una media, un metro que nos permite discernir, porque sabemos que son Palabra de Dios. De manera que es muy importante que conozcamos la Biblia y sepamos qué dice en realidad.

 

Son muy importantes los esfuerzos para que tengamos buenas versiones de la Biblia y leerla directamente. Pero a veces preferimos que nos digan qué dice la Biblia en lugar de ver qué dice realmente.

 

Por ejemplo, he preguntado a varias personas ¿Cual fue el pecado de Sodoma? Todas me han dicho que el homosexualismo o la perversión sexual. ¿Dónde dice eso? En la Biblia, me contestan. Sin embargo en la Biblia dice otra cosa:

 

Éste fue el crimen de tu hermana Sodoma: arrogancia, abundancia de pan y completa ociosidad, tal fue el delito de Sodoma y sus hijas y sus hijas; no ayudaron al pobre ni al necesitado, se enorgullecieron y cometieron abominaciones delante de mí. Y cuando lo vi las hice desaparecer. Ezequiel 16: 49-50.

 

¿Sabían ustedes que Sodoma era rica y no quiso ayudar a los pobres y en cambio se entregó al orgullo, la gula y el ocio? Si no sabían esto es porque nadie le interesó enseñar lo que decía la Biblia sobre el pecado de Sodoma, de la cual Dios dijo que “su clamor es verdaderamente grande y su pecado gravísimo Génesis 18:20). Como posteriormente a estas palabras divinas, los hombres de Sodoma quisieron violar a los ángeles que Dios envió (Génesis 19:5 s.s.), se ha enseñado que el pecado de Sodoma era el homosexualismo, pasando por alto lo que revela Ezequiel: desde luego que la violación es un grave pecado, pero el contexto era el de un pecado mayor, el egoísmo del rico que no atiende la miseria del pobre, como en la parábola de la historia del rico y Lázaro, que cuenta Jesús en Lucas 16:19-31.

 

Si se lee la Biblia, una y otra vez enfatiza en la gravedad de este pecado. Isaías 1:13-17, dice:

 

No traigáis más vuestras vanas ofrendas, el incienso me es abominación. Luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas: ¡no tolero ayunos ni asambleas solemnes! Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas señaladas las aborrece mi alma; se han vuelto una carga para mí, estoy cansado de soportarlas. Y cuando extendáis vuestras manos, esconderé mis ojos de vosotros; sí, aunque multipliquéis las oraciones, no escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras obras delante de mis ojos; cesad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad la justicia, reprended al opresor, defended al huérfano, abogad por la viuda.

 

Podríamos agregar aquí y ahora “defended al desplazado”.

 

En este texto leemos cómo Dios no acepta ofrendas, cuando no amamos a los demás, tal y como dijo Jesús en el Sermón del Monte: deja tu ofrenda allí delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano (Mateo 5:24). Isaías enfatiza: Vuestras manos están llenas de sangre, el egoísmo y el falso culto conducen al asesinato. Así ocurrió entre Caín y Abel. Entre los primeros cristianos se citaba Génesis 4:6-7 según la versión griega de la Biblia, la Septuaginta, una traducción hecha más de 200 años antes de Cristo. Allí dice que cuando Jehovah vio con agrado las ofrendas de Abel, pero no las de Caín y éste se irritó:

 

Jehovah le dijo a Caín: por qué andas furioso y triste? Has presentado correctamente, pero has repartido mal ¿no has pecado? Con todo él se acerca a ti, pero tu le dominas.

 

Ireneo de Lyon en el siglo III comentaba:

 

Dios puso los ojos sobre las oblaciones de Abel, porque las ofrecía con sencillez y justicia; en cambio no miró el sacrificio de Caín, porque su corazón estaba dividido por celos y malas intenciones contra su hermano, según Dios mismo le dijo al reprenderlo por lo que ocultaba: «¿Acaso no pecas aunque ofrezcas tu sacrificio rectamente, si no compartes con justicia? Tranquilízate».

 

Es curioso que las versiones contemporáneas no acudan a la Septuaginta para esclarecer lo que dice Génesis 4:7 y ofrezcan las más diversas conjeturas a partir de una posterior versión hebrea del versículo, ininteligible. Lo que el Génesis revela aquí sobre el gran pecado de Caín lo hace semejante a Sodoma y al propio pueblo de Dios criticado por Isaías o Ezequiel: tienen en común el egoísmo asesino. Pareciera que hay quienes no quieren enseñar esto y prefieren atacar a los homosexuales, convertirlos en el símbolo del peor pecado y ocultar así el pecado de los poderosos, de los ricos.

 

Desde luego hay pecados sexuales y la Biblia señala que los actos homosexuales son un pecado (Levítico 18:22; 20:13). Como otros pecados era castigado con la pena de muerte según la Ley del Antiguo Testamento. Igual que el adulterio. Recordamos que Jesús cuando iba a ser apedreada una mujer sorprendida en adulterio dijo: el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra (Juan 8:7). Jesús tuvo misericordia con la pecadora, en cambio, el poder económico, político y religioso quiere ocultar su pecado señalando los pecados del pueblo, como son los pecados sexuales. Como en Alemania Nazi, el poder trata de unir a las Iglesias y  a la gente contra una minoría como son los homosexuales, para que nadie descubra el verdadero pecado de Sodoma, que no ayudó al pobre. Se cita a Pablo cuando dice en 1 Corintios 6:9-10:

 

¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.

 

Mucho se predica contra los adúlteros y los homosexuales; pero ¿por qué no se dice nada de los avaros? ¿Por qué no recordar que los avaros no heredarán el reino de Dios y que la avaricia es idolatría? (Colosenses 3:5). ¿Por qué se es condescendiente con el crimen del poder, con la avaricia? ¿Por qué no hacen las iglesias marchas contra la avaricia de las transnacionales y los monopolios? ¿Por qué se repite en la traducción “afeminados y homosexuales” cuando literalmente se puede traducir “los elegantes y los que se acuestan con hombres”? ¿Por qué los congresistas cristianos protestan por una ley que reconoce derechos económicos a las parejas homosexuales y callan frente al despojo de los campesinos y desplazados y no dicen nada frente al proyecto de ley rural del gobierno que varios han llamado “Manual de Trampas”? ¿Por qué se unen en supuesta cruzada moralista con un senador que le quita las tierras a los campesinos? ¿Por qué no se acuerdan de lo que escribió Isaías (5:8):

 

¡Ay de los que juntan casa con casa y añaden finca a finca hasta que no quede sitio alguno y se queden solos en medio de la tierra!

 

Jesús nos llama a seguirlo (Mateo 10:38), a romper con el régimen del egoísmo, a escoger entre el dios dinero y el verdadero Dios (Lucas 16:13). Gracias a Jesucristo hemos conocido que el verdadero Dios es Amor (1 Juan 4:8,16) y:

 

En esto conocemos lo que es el amor: en que El dio su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Si el que tiene bienes de este mundo ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de boca, sino con hechos y en verdad. En esto sabremos que somos de la verdad. (1 Juan 3:16-19)

 

Todo el que aborrece a su hermano es un asesino (1 Juan 3:15). Si alguno dice “Amo a Dios”, pero aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1 Juan 4:20).  Este es el Evangelio, la Buena Noticia para los pobres (Lucas 4:18), la Buena Noticia para todos los que necesitamos la salvación de Dios que nos ha dado Jesucristo, quien no vacilaba en decir que lo más importante de la Ley es la justicia, la misericordia y la fe y que al olvidar o no practicar esto, los fariseos cuelan el mosquito y se tragan el camello (Mateo 23.23-24). Cuelan los pecados del pueblo, pero se tragan los de los poderosos y los ricos (el camello de Mateo 19:24 y Marcos 10:25). Rechazan, de palabra, los pecados sexuales, pero se tragan la avaricia, las guerras, las masacres, los asesinatos de líderes populares, el egoísmo, la suerte de millones de pobres.

 

Desde luego que no podemos descuidarnos en nuestra vida privada. La Biblia dice cosas importantes sobre la sexualidad. Pensemos por ejemplo todos los problemas graves que se hubieran evitado si la Iglesia Católica en vez de tratar de imponer el celibato a todos sus sacerdotes, hubiera atendido a la observación de Pablo mejor es casarse que quemarse (1 Corintios 7:9). Por una terquedad humana se abrió el paso a perversiones, a violaciones de ángeles, a violaciones de niños.

 

No creamos que los problemas son solamente de los católicos. Aun en las primeras iglesias, según  Pablo, hubo casos de inmoralidad tal, que no se da ni entre los gentiles (1 Corintios 5:1). En esto, en vez de mirar la paja en ojo ajeno, miremos primero la viga en el propio (Mateo 7:3-5).  El pastor que dirigía en Estados Unidos la campaña para prohibir los matrimonios homosexuales, tuvo que renunciar porque se descubrió que contrataba a un prostituto. Un pastor en Colombia fue condenado hace pocas semanas por violar a su propia hija.

 

Leamos la Biblia. No digamos como el fariseo “No soy como los demás”  (Lucas 18:11). Por el contrario, reconozcamos que también somos pecadores, que sin el amor de Dios no podemos ser salvos, digamos ¡Oh Dios ten compasión de mí, que soy pecador! (Lucas 18:13). Descubramos a Cristo en el pobre, en el hambriento, en el desplazado, en las víctimas (Mateo 25: 35-46). Reconozcamos nuestra injusticia, pidamos perdón por nuestra sociedad (Daniel 9:5-19): Abre tus ojos y mira nuestras ruinas... No nos apoyamos en nuestras obras justas para derramar ante ti nuestras súplicas, sino en tu gran misericordia. ¡Señor escucha! ¡Señor perdona! ¡Señor atiende y obra! ¡No tardes más.. oh Dios mío..!.

 

Héctor Mondragón

Teusaquillo, 22 de octubre de 2006