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Página Inicial de Teusaquillo
“He aquí, yo hago
nuevas todas las cosas... estas palabras son fieles y
verdaderas.” Que Dios bendiga a todas y todos en este año
nuevo. ¿Qué nos dice Dice Apocalipsis 21: 1-5 Luego
vi un cielo nuevo, y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera
tierra se fueron, y el mar ya no es. Y yo Juan vi la santa Ciudad, Jerusalén la
nueva, que descendía del cielo, junto a Dios, adornada como la esposa ataviada
para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el campamento de
Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Él con
ellos será su Dios. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la
muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las
primeras cosas han pasado. Entonces el que estaba sentado en el trono dijo: He
aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe; porque estas palabras
son fieles y verdaderas. Me dijo también: Hecho es. Yo Soy Todas las cosas serán nuevas, hasta el cielo
será nuevo, porque ya no estará separado de la tierra, sino que Dios mismo
acampará en la tierra con los humanos. La promesa de un cielo y una tierra nueva la
había hecho Dios ya en el Antiguo Testamento, en Isaías 65:17:
”He aquí
que Yo creo cielo nuevo y tierra nueva y no serán mencionados ni recordados los
primeros, mas gozaos y regocijaos por siempre por las cosas que crearé”.
Dios prometió que su pueblo disfrutará del trabajo de sus manos... lobo
y cordero pacerán juntos, el león comerá heno como el buey y la serpiente se
alimentará de polvo, no harán más daño ni perjuicio en mi santo monte
(Isaías 65: 22-25). Ahora y el futuroAcaso ¿cuándo comenzará esa nueva creación de
todas las cosas? Si alguno está en Cristo, nueva creación es;
las cosas viejas pasaron, he aquí que han sido hechas nuevas. (2 Corintios
17) No hay duda, la nueva creación ya se inició, ha
sido puesto el cimiento, la piedra
angular el mismo Cristo Jesús en quien todo el edificio, bien armado, va
creciendo hasta ser un Templo santo en el Señor (Efesios 2: 21-22). La vida
futura ya comenzó y debería comenzar para todos. Todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió
consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomando en
cuenta sus pecados, y poniendo nosotros la palabra de la reconciliación. Por
tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de
nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con
Dios! (2
Corintios 5: 18-20) La nueva creación significa una gigantesca
reconciliación, que abarca todo. No solamente se enemistaron con Dios las
personas y la sociedad, sino que la “embarrada” de los humanos afectó a toda la
creación y sus relaciones con el Creador; porque como dice Romanos 8:20 la creación fue sometida a vanidad y
por eso anhela ardientemente la
revelación de los hijos de Dios para ser liberada de la servidumbre de la
corrupción. La tierra ha sido viciada por el pecado de los humanos (Génesis
6:12), pero Cristo significa la reconciliación del universo con
Dios. La reconciliación con Dios significa desde
luego y especialmente también, la reconciliación entre los humanos, somos uno, en Cristo y ello significa
el final de la discriminación por origen nacional, social o de género (Gálatas
2:28), la paz en la sociedad y entre los pueblos: Ahora en Cristo Jesús, vosotros, que en otro
tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, el que de dos hizo
uno, derribando el muro intermedio de división, la enemistad, aboliendo en su
carne la ley de los mandamientos expresados en preceptos, para crear, en sí
mismo, de los dos un solo hombre nuevo, estableciendo así la paz, y para
reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, habiendo
dado muerte en ella a la enemistad. Vino anunciando la paz a vosotros que
estabais lejos, y paz a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y
los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu. Así pues, ya no
sois extranjeros ni forasteros, sino que sois conciudadanos de los santos y
familiares de Dios.
(Efesios 2: 13-19) La nueva creación significa el hombre nuevo, la
mujer nueva, tiene resultados palpables de reconciliación entre las personas y
repercute en toda nuestra vida personal y social: Esto
pues digo y testifico en el Señor: que ya no viváis así como viven también las
naciones, en la vanidad de su mente, con el entendimiento sumergido en las
tinieblas, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en
ellos, por la dureza de su corazón; habiendo ellos llegado a ser insensibles, se
dedicaron al placer, para practicar con desenfreno toda clase de impureza y de
avaricia. Pero vosotros no habéis aprendido así a Cristo; si en verdad lo habéis
oído y habéis sido enseñados en él, conforme a la verdad de Jesús. En cuanto a
vuestra anterior forma de vida, despojaos del hombre viejo, que se corrompe
según los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos
del hombre nuevo, creado a semejanza de Dios, en la justicia y santidad de la
verdad. (Efesios
4:17-24) Hombre nuevo, mujer nueva, forma de vida nueva.
El cambio en la vida cotidiana es un fruto de la nueva creación. Aceptar a
Cristo no es simplemente decir “¡Señor, Señor! Te acepto como mi salvador
personal! o predicar, o hasta hacer milagros, sino cambiar de vida, hacer la
voluntad de Dios (Mateo 7:21-23). Podemos como un reto, como una especie de
test, fijar en una pared de la casa este texto de Efesios 4:25 – 5:11 y
preguntarnos cada día qué tanto hemos desechado el egoísmo y si somos una
persona nueva, nueva creación, que vive en el amor: Por lo tanto, desechando la mentira, hablad
verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros.
Airaos, pero no pequéis ; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis
oportunidad al diablo. El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje,
haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que
tiene necesidad. No salga de vuestra boca ninguna palabra corrompida, sino la
que sea buena para edificación, para que dé gracia a los oyentes. No
entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el
día de la redención. Toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como
toda malicia, desparezca de entre vosotros. Sed más bien benignos unos con
otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os
perdonó en Cristo. Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y vivid en
el amor, así como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros,
ofrenda y sacrificio a Dios de fragante aroma. La fornicación, toda impureza o
avaricia, ni siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los
santos; ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no convienen, sino más
bien acciones de gracias. Porque con certeza sabéis esto: que ningún fornicario,
inmoral, o avaro (que es un idólatra), tiene herencia en el reino de Cristo y de
Dios. Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la
ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. Por tanto, no seáis
partícipes con ellos; porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el
Señor; andad como hijos de luz, porque el fruto de la luz consiste en toda
bondad, justicia y verdad. Examinando qué es lo que agrada al Señor y no
participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien,
denunciadlas. Nuestras relaciones con las demás personas en
la familia, en el barrio, en el trabajo, son un testimonio de Cristo en
nosotros. Decir que somos cristianos cuando no cambiamos de forma de vida es un
terrible pecado, un falso testimonio sobre la presencia de Dios en nosotros, por
cuya causa el nombre de Dios es
blasfemado entre las naciones (Romanos 2:24, Isaías 52:5). Si nuestro
familiar no cristiano siente de parte de su familiar cristiano un tratamiento de
ira o de odio o de falta de solidaridad; si nuestros vecinos no cristianos oyen
los gritos de nuestras peleas domésticas ¿qué creen que pensarán de Cristo? Y si estas cosas de la vida familiar,
qué no diremos de las relaciones sociales, del efecto demoledor de un
“cristiano” avaro (que como dice Pablo es un cristiano idólatra). O de un
gobierno cristiano” que hace la guerra a los demás países e inventa mentiras
para llevar a su país a la guerra. O de “cristianos” que bendicen la avaricia de
quienes quieren acumular capital o tierras o que bendicen la violencia o las
“soluciones” violentas. Cristianos así son un obstáculo tremendo para
Jesús, por el contrario, desde el comienzo de
su misión testificó como la nueva creación significa un cambio de las relaciones
sociales: Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según
su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer. Le
dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde
estaba escrito: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido
para anunciar Es raro que los pobres reciban una buena
noticia. Y “buena noticia” es lo
que significa la palabra “Evangelio” (del griego ευαγγελιον : euaggelion). ¿En qué consistía la buena noticia? En
que se anunciaba la sanación de los tristes, de los ciegos, la salud para los
pobres, la liberación de los oprimidos por todos los poderes mundanos, la
libertad de los cautivos, entre los cuales estaban los esclavos y especialmente
en la proclamación del “año de gracia del Señor”, es decir, del
Jubileo. Originalmente el Jubileo era una institución
del Antiguo Testamento, decretado en el Levítico (25: 8-55) cada siete semanas de años o siete veces siete
años se declaraba santo el año
cincuenta y se proclamaba en la
tierra liberación para todos sus habitantes. La base del jubileo era el Año Sabático, que
según El Jubileo era un Año Sabático de Años
Sabáticos y además de todo lo que uno de ellos implicaba, conllevaba que cada
cual recobraba su propiedad (Levítico 25:13) y en particular su tierra, que no puede comprarse ni venderse para
siempre (Levítico 25:23). Ocurría una reforma agraria que evitaba la
concentración de la propiedad. Es decir lo contrario de lo que ocurre en
Colombia donde tres millones de personas han sido desplazadas de sus tierras en
los últimos 20 años y dos millones fueron desplazadas entre 1946 y
1958. Se entiende que el Jubileo significa una buena
noticia para los pobres, porque son ellos los que no pueden pagar las deudas,
los que aceptan un trabajo como esclavos para no morir de hambre, los que han
perdido sus parcelas. Jesús proclama el año de gracia del Señor, lo que
significa unas nuevas relaciones socioeconómicas a favor de los pobres: si tu hermano se empobrece lo tomarás como
huésped, para que junto a ti pueda vivir; no le cobrarás intereses...
(Levítico 25:35-37). Pero hay una diferencia entre el año de gracia que
proclama Jesús y el del Antiguo Testamento: ya no se trata de un precepto legal
que se cumple cada 50 años. No se trata ya de la letra y los números de la
antigua Ley, sino del espíritu de amor de la nueva creación que incluye unas
nuevas relaciones socioeconómicas de amor
y Jesús dice que esto se
cumple hoy, desde hace cerca de dos
mil años. Podemos saber cómo los primeros cristianos
respondieron a este llamado: Pedro con otras muchas palabras testificaba y
los exhortaba, diciendo: ¡Salvaos de esta generación perversa! Así que los que acogieron su palabra,
fueron bautizados; y se unieron a ellos aquel día como tres mil personas:
Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento
del pan, y en las oraciones. Toda persona tenía temor; pues muchos prodigios y
señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que creían vivían unidos; y
tenían todas las cosas en común; vendían sus posesiones, y sus propiedades, y
repartían a todos, según la necesidad de cada uno. Perseveraban unánimes cada
día en el Templo, y partían el pan en las casas, comían juntos con alegría y con
sencillez de corazón; alababan a Dios, y gozaban de la simpatía de todo el
pueblo. Y el Señor añadía cada día a la comunidad a los que habían de ser
salvos. (Hechos 2:
40-47) Las personas nuevas no se salvan solamente del
infierno ni se salvan solamente en la vida futura. El llamado es “¡Salvaos de esta generación perversa! “.
La salvación comienza ahora y nos salvamos en primer lugar del actual sistema
perverso. Así los cristianos de Jerusalén hace casi dos mil años entendieron la
salvación y la vivieron en una comunidad alternativa a la forma de vivir de
entonces, donde el amor producía la unión espiritual, la oración común, la
comunión, la comunidad de bienes materiales, la distribución según la necesidad
de cada uno y el compartir de los alimentos. Ellos dieron un testimonio vivo de
la nueva creación, con una comunidad nueva, con una espiritualidad nueva y unas
nuevas relaciones sociales. El testimonio de los primeros cristianos
incluyó frecuentemente el martirio. Al fin y al cabo todos los que quieran vivir piadosamente en
Cristo Jesús sufrirán persecuciones (2 Timoteo 3: 12) A veces se preguntaban
cuándo desparecería definitivamente el mal y sería desalojado definitivamente
por el nuevo cielo y la nueva tierra. La segunda carta de Pedro
responde: No ignoréis una cosa: y es que un día delante
del Señor es como mil años y mil años son como un día. No se retrasa el Señor en
el cumplimiento de su promesa, como algunos lo suponen; si no que es paciente
con nosotros, no queriendo que ninguno se pierda, sino que todos procedan al
arrepentimiento. (2
Pedro 3: 8-9) Cristo murió por la salvación de mucho y Dios
quiere dar este regalo a más y más. Nosotros mismos somos beneficiarios de la
paciencia de Dios. Recordemos el caso de Saulo perseguidor, convertido por el
testimonio de quienes perseguía en Pablo apóstol (Hechos 9: 3-22) Muchos Pablos
se convertirán en personas nuevas por nuestro testimonio: Vi debajo del altar las almas de los
decapitados por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que
mantenían. Clamaban en voz alta
diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor Santo y Verdadero no juzgas y vengas nuestra
sangre de los que habitan en la tierra? Entonces les fue dado a cada uno un
vestido blanco, y les fue dicho que esperasen todavía un poco de tiempo, hasta
que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser
muertos como ellos.
(Apocalipsis
6: 9-11) Son palabras duras, pero claras. Muchos faltan
por salvarse y nuestro papel no es exigir un pronto final sino dar testimonio
para la salvación de muchos, esperando y
apresurando la venida del día de Dios ya que esperamos nuevo cielo y nueva tierra en los
que habite la justicia (2 Pedro 3: 12,13) Así como Jesús dio su vida por nosotros, debemos dar la
vida por los hermanos (1 Juan 3:16) El Señor Jesús, la noche en que fue entregado,
tomo pan, después de dar gracias lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se da
por vosotros, haced lo mismo en recuerdo mío”. Así mismo tomó también la copa
después de haber cenado, diciendo: “Esta copa es Sepamos bien que todas y todos aquellos que ya
hacen parte de la nueva creación como hombres nuevos o mujeres nuevas, que
edifican sobre los cimientos del amor nuevas relaciones humanas, que construyen
una nueva sociedad y dan testimonio de la nueva espiritualidad, sepamos bien que
nosotros somos el cuerpo de Cristo, como bien dice Pablo en 1 Corintios 12:27 y
estamos en comunión no sólo con nuestra comunidad o congregación o iglesia, sino
con todas las personas y comunidades nuevas, incluidas tanto todas las que en el
futuro se salvarán “de esta generación
perversa” y todas aquellas personas nuevas que murieron y que como Jesús y
sus discípulos partieron el pan del cuerpo de Cristo y bebieron la copa de
Héctor
Mondragón Teusaquillo, 7 de
enero de 2007 |
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