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Página Inicial de Teusaquillo"PODER POLITICO, PERTINENCIA Y ALTERNATIVAS CRISTIANAS" Pedro Stucky Asamblea Comisión de Restauración, Vida y Paz de CEDECOL Cartagena, abril 17-19, 2007 En preparación para esta devocional, me he preguntado sobre cuál tema es necesario tratar en esta Asamblea de la CRVP. ¿Cuál es la coyuntura, la situación que enfrentamos, que nos mueve, que nos inquieta, a la cual tenemos que responder para ser fieles al mover del Espíritu en este momento? Es la esperanza? Es el proceso de Verdad, Justicia y Reparación? Son las negociaciones de paz? Es la situación de sufrimiento de muchos creyentes en diferentes zonas del país? Son las semillas de esperanza que van sembrando las iglesias en el país? Y así muchos otros temas.... Obviamente esa es una pregunta que mejor se contesta entre tod@s, y al no tenerlos a tod@s para preguntarles y discernir juntos, simplemente traigo la siguiente reflexión – confiando que esté iluminada por el Espíritu Santo – para aportar en algo a nuestra discusión y nuestro caminar junt@s como iglesias que desean ser consecuentes – o dar una respuesta fiel – en este momento de la historia de nuestro país. Cuando estaba pensando en esto me encontré con un artículo del profesor de Biblia, autor y cristiano profético Walter Brueggemann, parte de cuyo contenido quiero compartir y usar para nuestra reflexión, especialmente sobre la pregunta: ¿Cómo debe el Pueblo de Dios relacionarse con el poder político? INTRO Es costumbre en círculos evangélicos echar mano de figuras bíblicas más que todo para demostrar la necesidad de tener la participación de cristianos en el proceso que lleve al poder político y así ejercer una influencia positiva sobre la legislación y orientación del país. Así que se acude a Moises, a Jose, a David, a Salomón, a Daniel, a Nehemías y si no fuera porque para los evangelicos los libros de los Macabeos quedaron en los deuterocanónicos, antiguos apócrifos, me imagino que tambien acudirían a Judas Macabeo. Lo primero que hay que observar sobre estos personajes, es que hay dos tipos de situaciones. La primera en los casos de Moisés, José y Daniel, estamos mirando a hombres que tuvieron la oportunidad de participar en un gobierno pagano, digamos secular, en los imperios de su tiempo: Egipto, Babilonia y Persia. Eran imperios que existían al margen del proyecto del pueblo de Dios, bajo leyes paganas o seculares, que no mucho tenían que ver con lo que Dios estaba queriendo revelar a la humanidad. El segundo caso es el de David, Salomón, Nehemías y Judas Macabeo. Aquí estamos hablando de gobernantes del pueblo de Dios, no de una sociedad secular. Aunque eran llamados reyes o gobernantes, el AT se refiere a ellos como "pastores de mi pueblo". Es decir, sí tenían funciones políticas y militares, pero todo estaba enmarcado dentro del proyecto de ser pueblo de Dios, de seguir sus mandamientos, de obedecer al Dios de Israel, de ser ejemplo para las naciones de un nuevo proyecto humano. A través de su pueblo Israel Dios quería revelar su voluntad para la humanidad y su proyecto salvífico para toda la tierra. Así que esto tiene más similitud con una teocracia – tal vez una proto-iglesia – que a una nación secular. Precisamente una de las desilusiones de Dios, o por lo menos del profeta Samuel, era que el pueblo quería ser una nación como las demás naciones, y esto se entiende como un rechazo de Dios. Así que no me parece muy legítimo agarrarnos del ejemplo de los líderes del pueblo de Dios para dar ejemplo de cómo debe ser nuestra participación política hoy día en nuestras naciones seculares. Los musulmanes fundamentalistas y algunos evangélicos, parecen insistir en convertir en teocracias a los países, con todas las contradicciones que eso envuelve. Dice el diccionario que una teocracia es: (Del gr. teocratia, de Teos =Dios, y kratos = dominio). f. Gobierno ejercido directamente por Dios, como el de los hebreos antes que tuviesen reyes. || 2. Sociedad en que la autoridad política, considerada emanada de Dios, se ejerce por sus ministros. Asi que creo que es importante distinguir entre eso y lo que hoy es una sociedad mas o menos secular como es Colombia. El caso de José El faraón tiene una pesadilla y José le interpreta el sue o. Es un pesadilla de escasez, porque precisamente la preocupación de los imperios – y practicamente de todos los que ejercen poder – es a adir a lo que tienen, no tener escasez. Quieren más de todo: más tierra, más gente, más impuestos, más poder, más números, más dinero, más influencia, más petróleo... En Génesis 41.33ss José prácticamente se autopostula como la persona "inteligente y sabia" que puede organizar las cosas para superar esa pesadilla. "Inteligente y sabio", de pronto nos habla de un pragmatismo que conoce cómo opera el mundo y el poder. Una vez nombrado como visir o primer ministro, José procede a organizar el sistema para neutralizar la escasez venidera. Recoge el trigo y cuando vienen las épocas de las vacas flacas, utiliza la comida como arma: la cambia por la plata de los campesinos, luego por sus medios de subsistencia – o sea su ganado –, luego por la tierra de los campesinos y finalmente por sus cuerpos, su mano de obra, convirtiéndolos en esclavos del faraón. Es una política monopólica, el control total, por parte del poder. Es tan totalizante la política de monopolio que los campesinos expresan gratitud por su condición: "Y ellos contestaron: "Usted es muy bondadoso con nosotros, pues nos ha salvado la vida. ¡Seremos esclavos del faraón!" Y aunque el narrador de Génesis no expresa ninguna sorpresa por esta situación, es casi imposible no sentir la ironía del relato: José el hijo de Jacob, un israelita, ha tomado el liderazgo en implementar un monopolio real. Un monopolio que fue tan efectivo, que sólo cuatro capítulos más adelante, su mismo pueblo comparte la subyugación del imperio. De razón que otro académico de nombre Leon Kass habla de la Egipcialización de José, o podríamos decir la imperialización o domesticación de José que sucumbe ante el imaginario del imperio, y subsume su identidad israelita en el horizonte totalizante del faraón. El final del relato de esta temprana relación entre los hebreos y Egipto, es el juicio del poder, porque el Dios de los campesinos-esclavos no puede ser burlado ni ignorado. En la narración del éxodo, el faraón tiene muchas oportunidades de acomodarse y reformar sus políticas hacia los esclavos, pero no puede, o quiere hacerlo porque está demasiado apegado a su estatus. El caso de Moisés. Mucho se ha dicho de la preparación de Moisés en la corte del faraón, preparación que le sirvió en los encuentros que tuvo con Ramsés II y luego seguramente en la dirección de su pueblo. El conocido teólogo John H. Yoder, ha escrito que aquí lo que es bueno anotar es que el interés de Moisés no fue el tomar las riendas de poder en Egipto, para cambiar sus políticas hacia el pueblo hebreo y mejorar sus condiciones de vida dentro del imperio Egipcio. Lo que hizo Moisés fue dirigir un éxodo, una salida del imperio, con el propósito de afianzar la identidad de un nuevo pueblo, con nuevas leyes y valores, con dirección nueva, códigos nuevos, y propósitos nuevos. "Deja ir a mi pueblo para adorar a Yahveh," fue la consigna repetida de Moisés, en otras palabras para construir una nueva identidad, completamente diferente a la de Egipto. Se puede decir que lo que hizo fue construir un pueblo alternativo que pudiera demostrar las relaciones nuevas,los comportamientos de justicia y bienestar para todos-as, la economía alternativa que se preocupa por los pobres y desposeidos, el gobierno descentralizado y participativo, la defensa que depende de la poderosa intervención y promesa de Dios y no de los ejércitos, carrozas y caballos propios. Así que usar el evento de Moisés como paradigma de la liberación de un pueblo está bien. Lo que no está muy bien es utilizarlo para argumentar que la inserción del cristiano en la política basado sobre este modelo es tomar el poder del imperio o de la sociedad en cuestión, o aun participar en el poder dominante para traer mejores condiciones de vida para los esclavos o habitantes que viven allí. Eso podría ser una postura moderna, pero no basada en la historia de Moisés, cuya acción fue precisamente dedicarse a la consolidación de un nuevo modelo consciente y libre. El caso de Daniel Una narración muy distinta emerge con Daniel. Se afirma la figura de Daniel como modelo de cómo negociar con el poder y al mismo mantener su identidad como judío. El capítulo 1 de Daniel introduce al lector a la fe apasionada de Daniel. El acepta un trabajo de funcionario público pero en el entrenamiento rehusa la comida basura del rey (nótese el anticipo de la advertencia de Jesús contra la levadura de Herodes en Marcos 8.15). Después de ese acto de resistencia Daniel replica la labor de José: interpreta la pesadilla del rey Nabucodonosor, que no es tan diferente a la del faraón. Sue a que su imperio es desmantelado pues se ha vuelto demasiado arrogante e indisciplinado. Pero ya a Daniel no se le caracteriza como inteligente y sabio como fue José, sino el varón en quien está el "espíritu del Dios santo". Posiblemente indica que Daniel estaba más enraizado desde el comienzo en su propia tradición e identidad. Como a José, a Daniel se le pregunta qué hacer. José había aconsejado una política de monopolio real pero Daniel da una respuesta muy diferente, congruente con su membresía en la comunidad israelita. Su respuesta fue tan judía, que seguramente sonó muy rara a los oídos del poder dominante. "Por tanto, siga Su Majestad este consejo mío: actúe con rectitud y no peque más: ponga fin a sus maldades y ocúpese de ayudar a los pobres. Tal vez así pueda Su Majestad seguir viviendo en paz y prosperidad." (Dan 4.27). La respuesta de Daniel no fue la de acomodar al imperio sino insistir en el carácter no negociable de la vida en el mundo creado por Dios. Su premisa es que el imperio ha pecado y debe tomar acciones apropiadas de penitencia. El imperio y cualquier poder tiene que rendir cuentas. Al final de su respuesta Daniel emite el mandato por excelencia de los judíos: "misericordia para con los oprimidos" ¡Que respuesta! El poder del estado no ha notado a los que ha oprimido en su carrera expansionista y totalizante. O si ha notado, no ha pensado que la situación de los oprimidos requiere alguna respuesta intencional, como los oprimidos y pobres no tienen derechos ni siquiera identidad. La demanda de misericordia hacia los oprimidos debió caer como un baldado de agua fría al ejercicio del poder que no estaba acostumbrado a algo tan blandengue y humano. Esa sola exigencia de Daniel, claro está, contradice directamente el imaginario totalizante del imperio. El caso de Jesús y el Nuevo Testamento Cuando llegamos a Jesús, no llegamos a otro persona cualquiera ni igual a ningún otro en la Biblia. En el Monte de Transfiguración aparece Jesús con Moisés y Elías, representantes por excelencia de la ley y de los profetas, la voz del cielo dice de Jesús: "Este es mi Hijo amado; a él oíd." Así que Jesús es presentado, y así lo creen los cristianos, como el que tiene más autoridad que David, más sabiduría que Salomón y a quien hay que escuchar por encima de la ley y de los profetas, como el ejemplo normativo para sus seguidores. Lo más claro es que Jesús no mostró ningún interés en manejar ni los hilos de poder en el ámbito religioso del templo y el Sanedrín de Caifás, ni en el poder político judío manejado por Herodes y su corte, ni mucho menos en el de Pilato y sus soldados. Podemos decir que la postura de Jesús y de los apóstoles después de él fue el de escepticismo hacia los poderes del mundo. Estos no son de valor para invertir sus energías, tiempo y capacidad en ellos. Su opinión parece ser que son poderes caídos, permitidos por Dios que tienen una función encomendada por Dios que deben cumplir y de la cual deben rendir cuentas, que hay que llamarlos a cumplir su encargo de hacer justicia al necesitado, de proteger al bueno y castigar al malo. Además tienen la visión de que los poderes se sirven a sí mismos, y que se sobre-extienden tomándose privilegios y autoridad que no les corresponde, y por lo tanto que necesitan ser llamadas a cumplir los propósitos asignados. Aunque es necesario someternos a ellos – que no es lo mismo que obedecerles – también muchas veces es necesario resistirlos cuando interfieren con el proyecto de Dios. En últimas el NT en Apocalipsis también entiende que los poderes no pueden resistir la tentación monopólica y totalizante que ya vimos en el AT y esto les lleva a desatar el terror final y a su destrucción final. ¿Entonces Qué? Estas pistas que encontramos en la Biblia, a través de ironía, narración, poesía, y vidas nos recuerda que Israel fue la encargada de preservar una visión alternativa en relación al poder político. Y mucho después de que el imperio haya perecido con su autonomía arrogante y su incapacidad de aprender, la comunidad de fe permanece. En un estudio antropológico el autor James C. Scott sugiere que comunidades campesinas oprimidas mantienen un codigo secreto acerca de la realidad, que no es público ni están en las manos de los se ores y jefes. Es un relato que cuenta la verdad de la realidad social y subvierte las pretensiones orgullosas y las políticas opresivas de los poderosos. Los códigos y relatos secretos empoderan a los débiles y vulnerables de manera que con tiempo hasta puede desenmascarar y derrotar a los mitos de los fuertes. La iglesia es heredera y en Jesús ha desarrollado sus propios códigos socio-políticos alternativos. Y cada vez que las expresamos en nuestras liturgias y prácticas estamos imaginando a un mundo diferente. En el relato de la navidad recordamos que Jesús nació cuando el César estaba imponiéndole impuestos a su pueblo; que Jesús fue desplazado y por poco asesinado por Herodes. El viernes santo escuchamos a la muchedumbre gritar, "No tenemos ningún rey sino al César". Por todo lado está la presencia del poder estatal. Pero la comunidad reunida en torno a Jesús se atreve a comprometerse a una narrativa alternativa. En esta narrativa regularmente confesamos: Que Jesucristo sufrió bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, y en el tercer día resucitó entre los muertos; Que mostró cómo el pan compartido es alimento y vida suficiente para todos-as; Que el vino tomado en comunidad forja una solidaridad indisoluble entre los designios de Dios y el quehacer de su pueblo; Y que esperamos el reino venidero donde more la verdad y la justicia pues a nadie más sino a Jesucristo pertenecen el reino, el poder y la gloria. Ese es el misterio de nuestra fe, que no se explica sino se afirma de cara al poder El Cordero que Vence En el Apocalipsis de Juan encontramos un símbolo paradójico, aparentemente contradictorio. Allí en el capítulo 5 encontramos que es un Cordero degollado, es decir sacrificado, que es el único que es digno, que tiene el derecho de abrir los sellos del rollo que descifra el significado de la historia, el significado de los sufrimientos del pueblo de Dios y de la estrategia y los designios de Dios. ¿Cómo puede un Cordero, que es la imagen misma de la inocencia e indefensión ser proclamado unos capítulos más tarde vencedor contra sus enemigos que se unieron para pelear contra él? (17.14). El secreto está en que en últimas es la fidelidad al amor noviolento, a la verdad y la obediencia a Dios del Cordero que recibe el aval de Dios para la redención del mal, para el cambio social deseado, para el nuevo cielo y nueva tierra donde ya no habrá llanto, ni dolor, ni muerte. No son los imperios, sus gobernantes y políticos, sus ejercitos, sus armas, su prepotencia, su violencia que Dios utiliza para establecer su proyecto. Es la misericordia y el amor noviolento del Cordero y de sus seguidores que socavan los mismos cimientos de los imperios. La iglesia reunida en torno a Jesús es esa comunidad que ve y sabe lo que no es dado a los poderes políticos de este mundo y sus organismos de inteligencia. En esa comunidad alternativa que se llama la iglesia, es donde se va construyendo con esperanza, fe y amor una nueva realidad y donde aprendemos a leer la historia de una nueva manera y que entiende que los poderes de este mundo tienen los pies de barro.
En Resumen Encontramos Un cuestionamiento al valor de invertir el tiempo, la energía, el esfuerzo y el compromiso para encargarse de las manivelas y botones del poder y la dirección de nuestras sociedades seculares. El poder absorbe, monopoliza, totaliza y coopta a tod@s incluyendo a los creyentes. Esto no excluye el servicio como funcionarios – siervos públicos cristian@s – que mantienen clara la prioridad de su identidad como Pueblo de Dios, abogando por la misericordia hacia los oprimidos, la atención a los necesitados y llamando al poder a reconocer y arrepentirse de su prepotencia y soberbia ante Dios. Sería necesario que est@s cristian@s en los estamentos gubernamentales se sometan a la comunidad de fe, le rindan cuentas de su gestión (corresponsabilidad), y persigan políticas no tanto de beneficio para los creyentes y las iglesias, sino para la comunidad en general. (Wilfredo) La prioridad del cristian@ de construir un modelo de sociedad alternativa en la iglesia, de mostrar a través del Pueblo de Dios la intención de Dios para toda la humanidad. Una iglesia que practica la misericordia, toma el lado de las víctimas, habla la verdad al poder, propone iniciativas de bienestar para la sociedad. Desde su posición al margen del poder, se alar con claridad profética y crítica la responsabilidad del estado de cara a las exigencias de Dios de gobernar con justicia y compasión, de reprimir al malo y recompensar al bueno. En todas las actuaciones adoptar la postura del Cordero: fidelidad al amor noviolento y a la verdad, rechazando la tentación de transigir con los métodos y estrategias del mundo. Más bien confiar en obediencia en el proyecto de Dios sin tratar de controlar o manipular los resultados o pensar que nos corresponde a nosotr@s hacer que la historia salga bien. El destino de la historia está en las manos de Dios. A nosotr@s nos corresponde ser fieles y obedientes y confiar que Dios hará todo lo necesario a su manera y en su momento.
BIBLIOGRAFIA Brueggemann, Walter. "Alien Witness; How God’s people challenge empire." The Christian Century, marzo 6, 2007, pp. 28-32. Yoder, John H. "Exodus: Probing the Meaning of Liberation." Sojourners , septiembre 1976. |
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